mayo 26, 2022

Todas las vidas de Tiger Woods

La historia de Tiger Woods bien podría servir como argumento de uno de esos relatos de superación que tanto venden. O alimentar una de esas charlas TED que derivan en aplausos emotivos. Es que el golfista resucitó una vez más. Esta vez fue en el Másters de Augusta, considerado el torneo más importante del mundo, catorce meses después de un accidente automovilístico que le provocó múltiples fracturas en la pierna derecha que llevaron a los médicos a considerar una posible amputación.

Pero volvió. A los 46 años y con visibles dificultades para caminar, este jueves pisó nuevamente el campo del Augusta National Golf Club, en Georgia. “Estoy justo donde necesitaba estar”, resumió Tiger. Si bien hace algunas semanas consideraba improbable su presencia en el Másters, se sumó con un claro objetivo: ponerse la chaqueta verde por sexta vez, marca con la que podría igualar el récord de Jack Nicklaus, el legendario golfista que brilló en los 60 y 70.

Las secuelas del accidente automovilístico que tuvo en febrero de 2021 no fueron los únicos obstáculos que el golfista tuvo que superar en su carrera. Su cuerpo ya toleró once cirugías, la mayoría en la espalda y las rodillas. Lo notable es que las lesiones fueron consecuencia de sus rigurosas rutinas de entrenamiento. Cuando comenzó a competir de manera profesional Tiger se lo tomó tan en serio que se exigió hasta un límite insospechado: además de golf, jugaba básquet, pasaba tres horas en el gimnasio y corría 12 kilómetros por día. “Correr más de 48 kilómetros a la semana durante mis primeros seis años destruyó mi cuerpo y mis rodillas”, confesó.

De esas intervenciones quirúrgicas también tuvo que volver. Con varillas metálicas y tornillos en las articulaciones, con dolores crónicos, con la necesidad de sumergirse en baños de agua helada, pero volvió. Y como si su salud no fuera suficiente como para detonar su carrera, aparecieron los divorcios, el alcohol y las prostitutas.

La primera separación fue la más cara de la historia del deporte. Ocurrió allá por 2010, después de que se conociera que Tiger había mantenido relaciones extramatrimoniales y sexo con prostitutas. El golfista le tuvo que pagar 750 millones de dólares a la modelo sueca Elin Nordegren. Igual de escandaloso fue el divorcio con su segunda esposa, la esquiadora Lindsey Vonn. Y junto con la separación llegaron las confesiones de Tiger.

Hasta que comenzaron a ventilarse sus hábitos ocultos, Tiger Woods era el mejor golfista de la historia, el deportista mejor pago y el primero en haber facturado mil millones de dólares. Pero de a poco su imperio empezó a tambalear. La primera disputa con Nordegren que se hizo pública derivó en una cadena de confesiones: amantes a montones, prostitutas que cotizaban 60 mil dólares, tríos, estrellas del porno, sexo expré arriba del auto. 

A Tiger no le quedó otra que asumir sus adicciones: al sexo y al alcohol. Pidió perdón por haber traicionado a su familia y por haber cometido “transgresiones”, y anunció que se retiraba del golf por tiempo indeterminado. Aquel 2010 fue turbulento. Quedó fuera del circuito y los anunciantes dejaron de patrocinarlo. Nike, Gatorade, Gillette y EA Sports dejaron de invertir en un deportista con tan mala imagen.

Pero se repuso. Se sabe: acá hay una historia de superación. Nueve años después de aquel escándalo volvió a ganar el Másters de Augusta. La chaqueta verde, por quinta vez. Fue uno de los renacimientos más conmovedores de la historia del deporte. Un regreso a lo grande.

Hasta que dos años después ocurrió aquel accidente automovilístico que casi lo deja sin una pierna. Y otra vez la recuperación. Otra vez la bestia competitiva que ruge por un torneo. Y ahí está, a pesar de las secuelas y de que se tiene que apoyar en los palos para caminar. Esta semana volvió, otra vez. Tiger Woods lo hizo de nuevo.

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Fuente: Perfil.com

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