junio 30, 2022

Migrantes arriesgan la vida por un sueño: llegar al Reino Unido

ARCHIVO - Migrantes en la playa británica de Dungeness, en el condado de Kent, a la que arribaron en una embarcación pequeña cruzando el Canal de la Mancha. Foto: Gareth Fuller/PA Wire/dpa - Sólo para uso por previo acuerdo contractual
ARCHIVO – Migrantes en la playa británica de Dungeness, en el condado de Kent, a la que arribaron en una embarcación pequeña cruzando el Canal de la Mancha. Foto: Gareth Fuller/PA Wire/dpa – Sólo para uso por previo acuerdo contractual (Gareth Fuller/)

Sahel intenta desde hace un tiempo cruzar los 40 kilómetros que lo separan del suelo británico. Ya dos veces probó llegar desde el puerto de Calais, en el norte de Francia, hasta Dover, en el Reino Unido, pero fracasó en ambos intentos.

Según cuenta el periodista afgano de 27 años, incluso esta misma mañana debía estar dentro de un bote inflable rumbo al Reino Unido. Pero la policía descubrió poco antes a los migrantes en la costa, les quitó la embarcación y debieron regresar.

Sahel pasa sus días en un campamento en un barrio periférico de Calais, entre tiendas de campaña y tendederos de ropa. Gran parte de las personas que forman fila para conseguir comida y agua son muy jóvenes, entre 16 y 17 años, según dicen. Vienen de Eritrea, Irán o Afganistán y todos quieren cruzar al Reino Unido.

La costa británica es claramente visible desde las playas de Calais, pero viajar de manera ilegal es peligroso. Cada dos por tres los guardacostas franceses rescatan a inmigrantes que cruzan el Canal de la Mancha, donde los fuertes vientos y las olas ponen en apuro a sus pequeñas embarcaciones.

Según Véronique Magnin, de la prefectura marítima del Canal de la Mancha y el Mar del Norte, a fines del mes pasado se contabilizaron 16.000 inmigrantes rescatados, un número significativamente mayor que en años anteriores.

Por su parte, una pareja de policías franceses que patrulla la zona cuenta que muchos migrantes se esconden por la noche entre las dunas al este del puerto. Si bien la zona es vigilada durante todo el día por la policía, por helicópteros y drones, hay algunos que consiguen igualmente evadir el estrecho control.

La mujer policía señala hacia las dunas, donde la vista no va más allá de unos pocos metros. Sahel también quería partir desde las dunas antes de que su grupo fuese descubierto. Ahora está esperando un nuevo barco.

No todos quieren cruzar el mar en pequeñas embarcaciones. «Eso es algo para gente con dinero», señala Robel, de Eritrea. Los costos rondan los 2.500 euros para un barco de unos diez metros de eslora, en el que viajan entre 35 y 50 personas. Robel prefiere cruzar en ferry, pero no sabe cómo.

También Sahel había intentado hacer el cruce con el ferry, pero unos perros rastreadores lo descubrieron mientras iba escondido en un camión. Él pone muchas esperanzas en el Reino Unido. Está convencido de que allí no hay racismo y existen mejores oportunidades laborales. Por otra parte, no necesitaría aprender otro idioma como sería el caso en Francia o Alemania.

Como el Reino Unido ya no forma parte de la Unión Europea (UE), los migrantes ilegales tampoco pueden ser extraditados a Bulgaria o Rumanía, según estipula el Acuerdo de Dublín. Para Sahel, éste es otro punto a favor.

En tanto, Hassan, que huyó de Eritrea a través de Italia, acota que de todas maneras en Francia tampoco podría conseguir los papeles de residencia.

Sharouz, en tanto, dice que Inglaterra es simplemente mejor para los iraníes como él y acto seguido le pide a su amigo que abra la boca. Le faltan los incisivos, un efecto de los golpes recibidos de la policía croata.

El Reino Unido, por su parte, hace todo lo posible por impedir el ingreso de estas personas, que buscan llevar allí una vida mejor y más segura.

«Recuperar el control de nuestras fronteras», es una de las promesas con las que el Gobierno conservador británico ha hecho campaña para salir de la Unión Europea. Una promesa que ahora tiene que cumplir tras el Brexit. Y el hecho de que a diario haya gente que quiera ingresar a la isla en botes de goma sin previo aviso no estaba previsto.

Uno de los lugares a los que no paran de llegar esas embarcaciones es el adormecido pueblo de Folkestone, en el sudeste de Inglaterra, que cuenta con una playa extensa cubierta de cabañas uniformes y coloridas en las que los residentes ingleses hacen su yoga matutino.

Bridget Chapman, miembro de la organización Red de Acción para los Refugiados de Kent, destaca un cuadro de 1914 que se encuentra en el museo local.

La pintura muestra una escena de la llegada de refugiados a la costa de Folkestone poco después de que las tropas alemanas invadieran Bélgica al comienzo de la Primera Guerra Mundial. En tan solo unas pocas semanas arribaron allí más 250.000 personas, unas 16.000 por día.

«Hoy en día, el gobierno y los medios de comunicación hablan de cifras récord de personas que llegan aquí», señala Chapman, y agrega que esos comentarios le generan un profundo malestar.

Según la agencia de noticias británica PA, al menos 16.311 personas cruzaron este año el Canal de la Mancha en pateras. Cerca de la costa, la mayoría de los migrantes ilegales son recogidos por los guardacostas y luego, en tierra, solicitan asilo.

Como a esta altura del año ya hay casi 8.000 emigrantes más que en 2020, el Gobierno británico habló de un aumento. Pero según las cifras oficiales, el número de solicitudes de asilo en el primer semestre del año disminuyó en un cuatro por ciento interanual. Cada vez llegan más personas en barco y en menor cantidad escondidas en camiones o trenes.

El primer ministro Boris Johnson dijo recientemente tras una conversación telefónica con el presidente francés, Emmanuel Macron, que era necesario «romper el modelo de negocio de los contrabandistas que ponen vidas en riesgo».

Por su parte, la ministra del Interior y férrea partidaria del Brexit, Priti Patel, resaltó que el sistema de asilo estaba colapsado. La ministra preferiría enviar los barcos de vuelta a Francia, aunque esto no es posible según el derecho internacional.

Por otro lado, Patel puso más dinero a disposición de la Policía francesa y fantaseó con la idea de producir olas artificiales en el Canal de la Mancha como medida disuasoria.

Todo esto no pasa desapercibido en Folkestone. Así es como un poblador de 54 años se pregunta por qué los migrantes van para allí si están a salvo en Francia. «Probablemente el Reino Unido es demasiado generoso», se responde.

El hombre, que votó en contra del Brexit, menciona a los jóvenes que se filman a sí mismos sentados en la playa o hacen alboroto en el supermercado. El inglés no encuentra muchas palabras amables para hablar sobre los que llegan a Folkestone.

«Pero nunca me he sentado con uno porque solo vemos las cosas negativas», admite. Sin embargo podría imaginarse un cambio en su manera de pensar si se enterara de que alguno de los migrantes perdió a su hermano o huyó de los talibanes en Afganistán. «Entonces abriría mis brazos», asegura.

dpa

Fuente: InfoBae

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