octubre 18, 2021

Caza menor 2021: otro año perdido

Los años perdidos: 2020 y 2021. El primero, tal vez, justificado por la pandemia que nos acorraló. Aunque le pongo cierto tono gris, ni blanco ni negro, porque la caza menor es una actividad al aire libre y casi en soledad. Pero pongamos que no se pudieron efectuar los censos y que no había demasiada información acerca del Covid… 2021, en cambio, qué decir… No hay justificativos, ese es mi sentir y –me atrevo a decir– el de muchos cazadores deportivos. ¿Y por qué? Porque desde febrero me comuniqué en varias oportunidades con Marina Reyes, la directora de Flora y Fauna del Ministerio de Asuntos Agrarios de la Provincia de Buenos Aires, para saber cómo iba a ser la nueva temporada de caza menor. El mismo interrogante le planteé a sus pares de La Pampa, Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba y Neuquén. Nunca tuve respuestas concretas. Avanzado el mes de mayo y con una temporada que ya debía haber comenzado, me derivaron con el señor Merino Soto, del área de Prensa del citado Ministerio, quien jamás pudo darme una respuesta acerca de por qué se había abierto la pesca deportiva y la caza no. 
Tras su falta de argumentos y varios intentos de llegar a una conclusión convincente, la Dra. Viviana Di Marzio, de la Dirección Provincial de Fiscalización Agropecuaria, Alimentaria y de los Recursos Naturales (superior de Marina Reyes) me respondió que la pesca deportiva brindaba comida a la gente necesitada. No pude estar más en desacuerdo: la semana anterior había visitado la laguna Salada de Madariaga, donde había lanchas de valores de U$S 40.000 con cuatro pescadores a bordo que no cumplían con ningún protocolo de pandemia y no parecían necesitar la pesca para subsistir. No hubo respuestas, solo una justificación de que todavía no había resoluciones ni fechas para la caza menor en la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, algunas otras provincias sí abrieron la temporada con ciertos protocolos a cumplir. Lamentablemente, por exceso en el cumplimiento de normas, comodidad, omisión, desconocimiento o… en forma tardía –21 de junio– Buenos Aires abrió la caza comercial de liebres (que cerró el 31 de julio), a la cual me incorporé –como otros 130 cazadores– con muchas dificultades, ya que el sistema de inscripción on line colapsó. Conclusión: considero que Buenos Aires no tuvo en ningún momento la idea de abrir la temporada deportiva y solo realizó la apertura de la comercial presionada por otras provincias de la pampa húmeda que lo habían hecho.

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Para no quedarme con la mala espina le solicité a Jorge Oscar Santini, cazador de las zonas centro y sur de la provincia de Buenos Aires con más de 50 años de experiencia, un aporte del panorama cinegético. A continuación, sus palabras. “Pude notar que en los últimos 10 años ha habido una merma de la cantidad de perdices, liebres y, la más castigada de todas, la colorada. Considero que la caída de estos tinamúes es producto del avance de la agricultura sobre zonas ganaderas, sectores donde prevalecía la pastura que facilita la nidificación de la perdiz, la copetona y la colorada, que se han quedado sin resguardo. Quiero agregar sobre las zonas ganaderas otro fenómeno: el cambio en la topografía típica de los campos; observo, incluso, una pérdida de los pastizales. 
“Mi curiosidad me llevó a encontrar respuestas en quienes laboran dichos campos y sus afirmaciones han sido concluyentes, y es que la hacienda ha sobrepasado los rendimientos sugeridos por hectárea. Si a ello le sumamos las pocas precipitaciones, mis dudas se disiparon rápidamente. Hay que destacar también que las zonas agrícolas están utilizando químicos en la siembra, que son otro factor enemigo para estas aves. Y, dato no menor, los zorros han proliferado como consecuencia de la prohibición de su caza y el mercado de las pieles casi extinto: otro elemento mortífero para los huevos y sus futuros pichones. El caso inverso es el de la liebre, que a diferencia del zorro ha incremento su comercio, debido a un aumento de la paga por ejemplar, lo que llevó a mayores niveles de su captura.”

Miguel Larotonda es otro cazador experimentado que consultamos y que tiene una visión similar a la de  Oscar Santini. “En Buenos Aires hubo excelentes temporadas, otras no tanto y el factor climatológico fue de mucha influencia, tanto como el avance en la agricultura que año tras año restó hábitat a las especies, aunque éstas supieron ir adaptándose a los caprichos de la madre naturaleza y del hombre, pero sucumbieron ante el aumento de predadores naturales y de las semillas con exceso de los agroquímicos que terminaron envenenando su alimento natural. Recuerdo haber realizado salidas donde el paisano que nos guiaba y facilitaba la entrada a los campos nos comentaba que la sequía y la fumigación hicieron que no se viera tanta población de perdices. 

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“Pero también recuerdo que con campos anegados, las matas altas les sirvieron a todos estos animales de refugio hasta el final de la temporada 2019, última habilitada. Ese año tuvimos el factor climatológico llamado vaguada, que nos impidió varias salidas pues nunca bajaba el nivel de agua de los campos, pero perdices y liebres resistieron estoicamente y, cumpliendo ciclos, volvieron a reproducirse. Tras casi dos años de no salir al campo, notamos con asombro que los funcionarios de turno habilitaron la caza comercial de la liebre, pero no la caza deportiva de las demás especies, a contramano de otras provincias. ¿Será que a muchos no les gusta el termino deportiva? Cuesta entender las razones de por qué los cazadores deportivos no pudimos salir y los comerciales –desprolijamente– sí. Sintetizando, diremos que unos han podido cazar como trabajo y otros, la gran mayoría, no hemos podido salir a seguir nuestras tradiciones por la desidia de esos funcionarios que no cumplieron bien sus labores y nos impidieron volver a ser felices de andar por los campos.”

Caza comercial

Según Alejandro González, del Frigorífico Rigon S.R.L., los cazadores siguen acopiando liebres y manifiestan que vieron muchos más ejemplares que la media de los últimos años, seguramente porque el clima ayudó ya que no hubo muchas lluvias ni noches con neblina (la caza comercial se realiza en plena oscuridad). 
Según sus cálculos, los cinco frigoríficos que trabajan con estos animales van a procesar un total próximo a las 850.000 liebres, cazadas en 40 días. Si no fuera porque esta actividad ejerce presión sobre un animal exótico, la liebre sería un problema muy serio para la agricultura, que se tornaría difícil de controlar a partir del tercer o cuarto año de no caza, tal como ocurre en algunas provincias de la Patagonia en las que no hay una comercial sostenida y cuya actividad solo se habilita ocasionalmente para efectuar este control de la mano del hombre. Sería muy sencillo mantener las especies invasoras a raya, pero la imagen de los funcionarios y los argumentos políticos siempre pesan más.

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e-planning ad Fuente: Perfil.com

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