junio 25, 2021

El asesinato de otro disidente libanés pone al Hezbollah contra las cuerdas

Lokman Slim, activista y editor que dirigía un centro de investigación sobre los crímenes de la guerra civil libanesas, aquí durante una entrevista. Reuters TV
Lokman Slim, activista y editor que dirigía un centro de investigación sobre los crímenes de la guerra civil libanesas, aquí durante una entrevista. Reuters TV (REUTERS TV/)

Desde hace años, cualquier disidencia con la milicia libanesa del Hezbollah termina con el asesinato del disidente. En los últimos dos años habían disminuido los crímenes selectivos. Pero volvió a ocurrir a principios de este mes, cuando mataron a Lokman Slim, de 58 años, un escritor, editor y cineasta que venía denunciando los crímenes de la organización terrorista desde hace treinta años. La diferencia, ahora, es que la muerte ocurrió en el medio de una crisis económica y social sin precedentes en El Líbano y que hay muchos otros dispuestos a terminar con la impunidad de esta milicia shiíta impulsada y financiada por Irán.

La raíz del crimen pareciera haber crecido en el barro de otro aún más grande, la explosión en agosto pasado de un arsenal químico en el puerto de Beirut que dejó más de 200 muertos y destruyó una buena parte de la zona aledaña. En enero, en una entrevista en una cadena de televisión árabe, Slim sugirió que las sustancias peligrosas que habían estallado en el puerto de Beirut habían sido llevadas al Líbano por el gobierno sirio, con la complicidad de Rusia y el Hezbollah. “Tenemos ante nosotros un crimen de guerra cuyas partes son Moscú, Beirut y Damasco”, dijo Slim. Fue su sentencia de muerte. La milicia no acepta este tipo de retos aún cuando no hay evidencias muy claras de lo sucedido.

“Siempre ha sido una cuestión de tiempo. Los críticos de Hezbollah -entre los que me incluyo- hemos sentido que las sombras nos seguían. Tienes que hacer tu vida cotidiana mirando constantemente por encima del hombro, comprobando debajo de tu coche si hay una bomba cada vez que sales de casa y sintiendo que tu corazón se hunde más cada vez que el autobús escolar de tus hijos llega tarde. Siempre sabíamos que nos seguían y vigilaban. Slim se negó a vivir su vida en estas sombras, pero no se descuidó”, escribió Hanin Ghaddar en la revista especializada Foreign Policy.

El asesinato de Slim se produjo en un momento de múltiples crisis que han llevado al Líbano al borde del colapso. Su sistema político está casi paralizado, su economía está en caída libre, y muchos de sus habitantes siguen sufriendo las secuelas de la enorme explosión en el puerto. Todo esto entre semanas de toque de queda de 24 horas para intentar frenar la pandemia que está pegando inusitadamente fuerte en este país.

Slim había alquilado un auto para ir a visitar a un amigo en el sur libanés, una zona dominada por el Hezbollah, pero nunca llegó. Sus familiares comenzaron a llamarlo por teléfono sin obtener respuesta y de inmediato publicaron la noticia en las redes sociales. Hubo miles de muestras de solidaridad. Al día siguiente, la policía encontró su cuerpo dentro del auto, en una ruta poco transitada cerca del pueblo sureño de Addoussieh. El informe forense dice que le dispararon seis veces, tres de ellas en la cabeza.

El lugar, en el sur de El Líbano, donde fue encontrado el auto con el cadáver de Lokman Slim. REUTERS/Ali Hankir
El lugar, en el sur de El Líbano, donde fue encontrado el auto con el cadáver de Lokman Slim. REUTERS/Ali Hankir (ALI HANKIR/)

Su esposa, Monika Borgmann, pidió que la investigación la hiciera una comisión internacional como la que estuvo a cargo en el caso del asesinato del ex primer ministro Rafik Hariri, en 2005. La hermana del editor, Rasha al Ameer, contó que él le había dicho que si lo asesinaban lo considerara “un accidente de trabajo”. Nadie confía en que las autoridades locales vayan a encontrar al o los culpables. Hezbollah tiene un poder omnímodo en todos los estratos. “No fue el primero, y no será el último”, agregó Rasha.

Slim venía de una prominente familia shiíta. Su padre había sido miembro del Parlamento libanés. Estudió filosofía y lenguas antiguas en la Sorbona de París antes de regresar al Líbano a finales de los 80. Desde entonces, se dedicó a poner en marcha proyectos destinados a documentar la violenta historia del Líbano y a allanar el camino hacia lo que esperaba que fuera un futuro más pacífico, basado en los valores seculares y el respeto a la diversidad religiosa. Abrió una editorial llamada Dar al-Jadeed, y en asociación con su esposa creó una organización, UMAM, para recopilar información sobre la historia del Líbano y su guerra civil de 15 años, que terminó en 1990. También produjeron y dirigieron varios documentales y películas, entre ellas Massaker, sobre las masacres de Sabra y Shatila de 1982, y Tadmor, que recreaba las traumáticas detenciones de libaneses en una prisión del desierto en Siria. Vivían en la histórica villa de su familia, que por siglos fue escenario de reuniones de intelectuales, y que está ubicada en el suburbio del sur de Beirut, muy cerca de la sede central del Hezbollah.

Los cables de la embajada de Estados Unidos en Líbano, revelados en 2010 y 2011 por WikiLeaks muestran cómo los diplomáticos de ese país se reunían a menudo con Slim para conocer su opinión sobre lo que estaba sucediendo y el sentimiento de la comunidad shiíta. También financiaron algunos viajes a Washington para que el editor presente sus informes directamente ante senadores estadounidense. El Hezbollah denominaba a Slim y sus colegas como “los shiítas de las embajadas”, un insulto para sugerir que su apoyo procedía de los gobiernos occidentales y no de las comunidades en las que vivían. El disidente los enfrentó directamente apoyando y financiando las campañas de candidatos parlamentarios shiítas independientes y creando un órgano clerical para disputarle el poder religioso a los ayatollahs del Hezbollah.

Un grupo de activistas y amigos de Lokman Slim durante su funeral. Muestran carteles donde se puede leer en árabe "Cero Miedo", una frase que repetía el disidente. REUTERS/Mohamed Azakir
Un grupo de activistas y amigos de Lokman Slim durante su funeral. Muestran carteles donde se puede leer en árabe «Cero Miedo», una frase que repetía el disidente. REUTERS/Mohamed Azakir (MOHAMED AZAKIR/)

El analista Hanin Ghaddar cree que el asesinato de Slim es también un método que la milicia utiliza desde hace mucho tiempo para testear a cada nuevo gobierno estadounidense. En este caso al de Joe Biden, que todavía no presentó ninguna iniciativa para Medio Oriente. Hace cuatro años, pusieron a prueba a la administración Trump en Siria cuando el régimen de Bashar al Assad utilizó armas químicas contra civiles y el ataque con drones contra la base estadounidense-británica de la ciudad fronteriza de Tanf. “Estas `pruebas´ fueron respondidas con fuerza, e Irán y sus protegidos recibieron el mensaje”, explicó Ghaddar. “El asesinato de Slim envía un mensaje a los críticos y activistas locales, pero también podría ser una forma de poner a prueba los límites de la comunidad internacional para ver cuándo y cómo la administración Biden trazaría sus líneas rojas. A muchos de los compañeros de militancia de Slim les preocupa hoy que Hezbollah pueda iniciar una nueva oleada de asesinatos, similar a la que siguió al crimen del ex premier Rafik Hariri y que sólo cesó cuando Hezbollah tomó el control de las instituciones del Estado en 2008”, agregó.

También es una prueba para ver cómo van a manejarse en la campaña para las elecciones de mayo del año que viene. El Hezbollah, que es a la vez una milicia armada y un partido político con presencia mayoritaria en el parlamento libanés, está teniendo duras resistencias en varios ámbitos en los que hasta ahora dominaba, como sindicatos y gobiernos locales. Sus aliados como el presidente Michel Aoun, su yerno Gebran Bassil, el líder del Movimiento Libre Patriótico, y el presidente del Parlamento, Nabih Berri, podrían buscar nuevas alianzas para mantenerse en el poder y debilitar al Hezbollah.

La brutal explosión del puerto modificó el ánimo de los libaneses y cada vez más se atreven a criticar al prácticamente innombrable y todopoderoso movimiento extremista shiíta. Una investigación que había difundido en ciertos círculos el propio Slim indica que los químicos almacenados habían sido comprados por tres poderosos empresarios sirios del círculo íntimo de Bashar al Assad y que los habían entregado para la custodia del Hezbollah hasta que fueran trasladados a Siria para confeccionar bombas, como las que en varias ocasiones tiraron contra la población civil disidente.

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Fuente: InfoBae

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