diciembre 7, 2021

Cómo será el próximo traje espacial

miércoles 7 octubre, 2020

Si hay algo que se precisa para encarar la carrera espacial es previsión. Por eso, cuatro años antes, los expertos de la NASA ya están probando el nuevo traje espacial que estrenarán en 2024, cuando aterricen en el Polo Sur lunar, como parte del programa Artemisa.

En el Johnson Space Center de la agencia, en Houston, un enorme equipo humano está testeando los trajes “en acción”. Es decir, ver si el flamante diseño 2020 responde a la manipulación de herramientas y el protocolo de movimientos en que se fracciona cada actividad, por ejemplo: levantar una piedrita del suelo lunar.

Con equipo de buceo de «casco duro», los ingenieros se tiraron a la piscina de 61 metros de largo y 12 metros de profundidad del Laboratorio de Flotabilidad Neutral (NBL) en Johnson, mientras  los astronautas se movían en cámara lenta demostrando si el traje espacial de exploración respondía a la simulación de sus tareas: recoger muestras de regolito lunar, examinar un módulo de aterrizaje, plantar la bandera de Estados Unidos, etc.

«Estas primeras pruebas ayudarán a determinar el mejor complemento de instalaciones para el desarrollo de hardware y los requisitos para futuras misiones y entrenamientos de Artemis», dijo en un comunicado Daren Welsh, líder de pruebas de actividad extravehicular

Los diseñadores deben evaluar si esos trajes sirven para subir y bajar una escalera de manera segura, balancear un martillo, realizar una caminata lunar.

Todas esas cosas, si bien ya se hicieron en la era Apolo de la travesía lunar, ahora cobran otra dimensión y se ejecutan con tecnología diferente. 
Estás pruebas darán información más precisa para planificar la misión de 2024, para evaluar cuántas caminatas espaciales se realizarán durante una misión, de cuánto tiempo y cuánto podrá la tripulación alejarse del módulo de aterrizaje.

«Se aprende mucho con un traje espacial presurizado encima y se tiene que trabajar dentro de las limitaciones de su movilidad», explicó Welsh.

Los ingenieros también hacen pruebas en el “patio de rocas”, un área al aire libre que se encuentra en Johnson Space Center y simula la superficie lunar.

Más próximos –aunque no idénticos- a los ultra-light trajes espaciales que en mayo pasado usaron los protagonistas de la misión comercial NASA SpaceX 2020: Crew Dragon, este nuevo pret â porter galáctico está muy lejos del grueso mameluco naranja de 20 kg que fue el primer traje espacial registrado en la historia, que tuvo el honor de lucir Yuri Gagarin el 12 de abril de 1961, a bordo de Vostok 1. 

Ese primer traje espacial ruso tenía tres capas de tela (una de caucho, otra de polyester y la naranja más externa, fabricada en kapron, un material parecido al nylon. Era ignífugo, flexible, impermeable y garantizaba la supervivencia de su usuario a -15º C. El casco era inseparable del traje pero, como el de los motoqueros, tenía un visor que se abría y cerraba automáticamente, si disminuía la presión de aire. Esos primeros guantes primitivos se hicieron con seis capas de telas y tenían una traba que impedía quitárselos en el despegue y descenso de la nave. Según consta en el libro ‘Russian Spacesuits’, de Isaac Abramov e Ingemar Skoog, el SK1, el traje de Gagarin, se utilizó hasta la misión espacial Volstok 6.

Además, escondía una navaja, un arma de fuego, un espejo y un “repelente de tiburones” por si el astronauta debía “sobrevivir en un ambiente salvaje”.  

El 5 de mayo de 1961, tres semanas más tarde, NASA envió al espacio a Alan Shepard, a bordo de la nave Freedom 7. Su traje, también naranja, es según la  versión NASA del Atlántico Norte «el primer traje espacial de la historia». Constaba de una capa interna de neoprene y nylon y una capa externa de nylon aluminizado, que aislaba el cuerpo de la radiación térmica y ultravioleta.

Muy lejos de estos “miriñaques espaciales”, la NASA pasó por ocho diseños diferentes. El último lo financió Elon Musk, fundador de SpaceX, y tardó 4 años en lograrse. Es resistente al fuego, los impactos, los cortes y controla el clima y las comunicaciones. A la altura del ombligo, nace un cable que se conecta al asiento del astronauta; por él circulan el aire que respira y la electricidad que requiere mantenerse en contacto con Houston, en Texas. 

Los astronautas de la Estación Espacial Internacional utilizan otro tipo de trajes, que pesan 127 kilogramos –una pluma en la ingravidez- y cuestan US$ 22 millones cada uno. Sólo tienen cuatro y se les augura una vida útil de 10 años. Además de éstos, el placard de la NASA sólo cuenta con 11 “smokings” espaciales, bastante vintage, por cierto, ya que se diseñaron en 1977 y desde entonces casi no se modificaron. 

MM / DS

Fuente: Perfil.com

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